Sigmund Freud fue sin duda una de las
personas más influyentes dentro del
desarrollo del pensamiento durante el
siglo XX. Su teoría que nuestras mentes
guardan recuerdos y emociones en
nuestro subconsciente transformó la forma
en la que los humanos estudiaban la mente. Nació en el año de 1856 en
Freiberg, una pequeña ciudad de
Morávia, integrada entonces en el
Imperio Austrohúngaro. Su familia
se trasladó a Viena cuando él
tenía cinco años. Tanto en el
Gymnasium como en la Facultad
de Medicina hubo de aguantar las
risas y los insultos de los
compañeros a causa de su
origen judío, unas experiencias
de juveniles que le fortalecerán y
enseñarán a formar parte de los
marginados y siempre criticados;
con ellas se preparó para resistir
el escándalo y el rechazo que sus
teorías desencadenarán en la
conservadora sociedad vienesa.
El origen del psicoanálisis se remonta en
tiempos de Charcot, en la Francia a finales del
siglo XVIII, ya que la hipnosis fue un caso
necesario para su nacimiento. Comenzó con las
pacientes llamadas histéricas que presentaban
diversos síntomas como cegueras o parálisis sin
explicación biológica alguna, provocando
actitudes diversas dentro de la medicina. La
hipnosis fue uno de los recursos que se
utilizaron para su tratamiento.
En el año siguiente, de vuelta a Viena,
se casa y abre su consultorio privado.
Con muchas privaciones económicas,
comienza su práctica clínica y la
elaboración de lo que será el
psicoanálisis. En este camino, toma
relieve la amistad, soporte económico
y fructífera colaboración con el
psiquiatra vienés Joseph Breuer;
conjuntamente van escribir y publicar
unos Estudios sobre la histeria (1895).
Breuer intentaba hacer revivir los
traumas o conflictos emocionales que
sus enfermos habían vivido en la
infancia; cuando este trauma
escondido y reprimido emergía a la
conciencia, la mente quedaba liberada
(catarsis) y desaparecían los síntomas
o trastornos psíquicos.
Joseph Breuer era amigo de Freud desde hacía 12 años
y en 1882, (tres años antes del viaje de Freud a Francia)
Breuer le habló de un caso de histeria al cual Charcot no
mostró interés, pero Freud a su regreso a Viena,
ampliamente interesado por el caso Anna O, pidió más
información a su amigo persuadiéndolo de colaborar con
él, en lo que sería su ópera prima común: “Estudios
sobre la histeria”. Durante este tiempo, Freud utilizaba la
hipnosis y la sugestión como medios terapéuticos. Para
los médicos de esa época, las pacientes histéricas eran
simplemente simuladoras que desencaminaban la
medicina, que no tenían respeto por ella, ni por la
anatomía humana, considerado a la hipnosis y a los
médicos que se ocupaban de ellos como charlatanes.
A partir de las observaciones clínicas de Freud
en el comportamiento humano, la palabra fue
cobrando importancia y un nuevo lugar dentro
del conocimiento humano, valedero tanto en lo
teórico como en la práctica clínica en el trabajo
con pacientes. Esta importancia se perfiló desde
el psicoanálisis como uno de los elementos
esenciales, para luego convertirse en el
elemento primordial en el desciframiento del
inconsciente.
Freud decía que los sueños son una
forma de realizar deseos y que muchos
deseos son el resultado de deseos
sexuales reprimidos o frustrados. En su
opinión, la ansiedad que rodea dichos
deseos hace que algunos sueños se
conviertan en pesadillas.
A lo largo de su obra más conocida, La
Interpretación de los Sueños, Freud utiliza sus
propios sueños como ejemplos para demostrar
su teoría sobre la psicología de los sueños.
Freud distingue entre el contenido del sueño
"manifiesto" o el sueño experimentado al nivel
de la superficie, y los "pensamientos de sueño
latentes", no conscientes que se expresan a
través del lenguaje especial de los sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario