viernes, 23 de octubre de 2015

Marco teórico

Sigmund Freud fue sin duda una de las personas más influyentes dentro del desarrollo del pensamiento durante el siglo XX. Su teoría que nuestras mentes guardan recuerdos y emociones en nuestro subconsciente transformó la forma en la que los humanos estudiaban la mente. Nació en el año de 1856 en Freiberg, una pequeña ciudad de Morávia, integrada entonces en el Imperio Austrohúngaro. Su familia se trasladó a Viena cuando él tenía cinco años. Tanto en el Gymnasium como en la Facultad de Medicina hubo de aguantar las risas y los insultos de los compañeros a causa de su origen judío, unas experiencias de juveniles que le fortalecerán y enseñarán a formar parte de los marginados y siempre criticados; con ellas se preparó para resistir el escándalo y el rechazo que sus teorías desencadenarán en la conservadora sociedad vienesa.
El origen del psicoanálisis se remonta en tiempos de Charcot, en la Francia a finales del siglo XVIII, ya que la hipnosis fue un caso necesario para su nacimiento. Comenzó con las pacientes llamadas histéricas que presentaban diversos síntomas como cegueras o parálisis sin explicación biológica alguna, provocando actitudes diversas dentro de la medicina. La hipnosis fue uno de los recursos que se utilizaron para su tratamiento.
 En el año siguiente, de vuelta a Viena, se casa y abre su consultorio privado. Con muchas privaciones económicas, comienza su práctica clínica y la elaboración de lo que será el psicoanálisis. En este camino, toma relieve la amistad, soporte económico y fructífera colaboración con el psiquiatra vienés Joseph Breuer; conjuntamente van escribir y publicar unos Estudios sobre la histeria (1895). Breuer intentaba hacer revivir los traumas o conflictos emocionales que sus enfermos habían vivido en la infancia; cuando este trauma escondido y reprimido emergía a la conciencia, la mente quedaba liberada (catarsis) y desaparecían los síntomas o trastornos psíquicos.
Joseph Breuer era amigo de Freud desde hacía 12 años y en 1882, (tres años antes del viaje de Freud a Francia) Breuer le habló de un caso de histeria al cual Charcot no mostró interés, pero Freud a su regreso a Viena, ampliamente interesado por el caso Anna O, pidió más información a su amigo persuadiéndolo de colaborar con él, en lo que sería su ópera prima común: “Estudios sobre la histeria”. Durante este tiempo, Freud utilizaba la hipnosis y la sugestión como medios terapéuticos. Para los médicos de esa época, las pacientes histéricas eran simplemente simuladoras que desencaminaban la medicina, que no tenían respeto por ella, ni por la anatomía humana, considerado a la hipnosis y a los médicos que se ocupaban de ellos como charlatanes.
A partir de las observaciones clínicas de Freud en el comportamiento humano, la palabra fue cobrando importancia y un nuevo lugar dentro del conocimiento humano, valedero tanto en lo teórico como en la práctica clínica en el trabajo con pacientes. Esta importancia se perfiló desde el psicoanálisis como uno de los elementos esenciales, para luego convertirse en el elemento primordial en el desciframiento del inconsciente.
Freud decía que los sueños son una forma de realizar deseos y que muchos deseos son el resultado de deseos sexuales reprimidos o frustrados. En su opinión, la ansiedad que rodea dichos deseos hace que algunos sueños se conviertan en pesadillas.
A lo largo de su obra más conocida, La Interpretación de los Sueños, Freud utiliza sus propios sueños como ejemplos para demostrar su teoría sobre la psicología de los sueños. Freud distingue entre el contenido del sueño "manifiesto" o el sueño experimentado al nivel de la superficie, y los "pensamientos de sueño latentes", no conscientes que se expresan a través del lenguaje especial de los sueños.




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